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EL FOC DEL MAR por Nel Diago
Crítico teatral
Profesor de la Universitat de València 

Lejos de imitar modelos extraños, siquiera sean españoles (Els Comediants, La Fura dels Baus…), los de Xarxa encontrarán su estilo peculiar cuando comiencen a explorar las tradiciones festivas valencianas y se enraícen en ellas. Surgirán entonces espectáculos tan brillantes como Nit Màgica (1987), Ibers (1990), El Foc del Mar (1994), Veles e Vents (1995). Todos los cuales se rigen por rasgos similares genialmente imbricados: visitación de tradiciones, leyendas y costumbres valencianas; uso de música folclórica, con instrumentos típicos (la dulzaina, los tambores…), al tiempo que se recurre paralelamente a las composiciones originales; utilización de las más variadas formas pirotécnicas y juegos con fuego; particular atención a lo sonoro (la música, sí, pero también el ritmo de las explosiones), a lo visual (luces, colores, escenografía) y hasta a lo olfativo (el olor de la pólvora quemada). Todo ello, unido a una sabia explotación de calles, plazas y monumentos, conjugando el aprovechamiento estético con la seguridad para artistas y público, permitirán a los de Xarxa transformar cualquier espacio cotidiano en un territorio lúdico y maravilloso.

Ésa es la clave del éxito de Xarxa Teatre: la vinculación a las tradiciones y al folclore propios (música, escenografía, vestuario, pirotecnia…), como consecuencia de una meditada investigación que les lleva a una renovación constante, a no recrearse en la autocomplacencia de fórmulas ya explotadas. Adentrarse en la propia identidad, ser auténticamente localista, es una buena manera para alcanzar la universalidad. Si nos fijamos, Nit Màgica (Noche Mágica), no es otra cosa que un pasacalles pirotécnico de gran intensidad practicado por cuatro músicos vestidos de monjes y siete actores-pirotécnicos, disfrazados a guisa de demonios blancos, que manipulan peculiares estructuras metálicas rodantes (algunas en forma de toros) y, por supuesto, hacen explotar los más variados fuegos de artificio (petardos, cohetes, tracas…). No hay aquí argumento alguno, sólo cuentan el fuego, la luz, el ritmo, el sonido (la música, pero también el silbido de los cohetes, las explosiones). Elementos sabiamente combinados que ejercerán una increíble fascinación en un público absolutamente entregado al bullicio de la fiesta.

 Parecidos recursos encontramos en El foc del mar (El fuego del mar). También aquí asistimos a un pasacalle pirotécnico. Sólo que se ha dado un paso más. En su afán de subrayar su condición mediterránea, los trajes de los actores o las estructuras móviles ya no serán los precedentes de la tradición festiva valenciana, sino que adquirirán una cierta estilización a partir de motivos directamente inspirados en la obra pictórica de Joan Miró. Y lo mismo puede decirse de la falla que se quema al final del espectáculo. También ese monumento de madera y cartón, tan propio de las fiestas mayores de Valencia, tendrá reminiscencia mironiana. El fuego, purificador, regenerador, será una vez mas vertebrador de la propuesta.

 En cualquier caso, el acento no está puesto aquí en lo didáctico. Sigue siendo un teatro lúdico, deliberadamente festivo, rabiosamente dionisíaco. Y debo insistir en lo de "teatro". Porque todos los espectáculos de Xarxa Teatre, incluso aquellos que más se aproximan a las fiestas populares participan de una elaboración formal, de una resemantización. La falla que se quema en El Foc del Mar no es una falla, no se inscribe en el marco de esa fiesta popular valenciana, no está sujeta a unos convencionalismos rituales, a un calendario, a una

geografía específica. No, el monumento mironiano de Xarxa no es una falla, es la representación de una falla. Como el pasacalles de Nit Màgica es la representación de un pasacalles de cualquier fiesta popular valenciana.

 Tenía razón la anónima espectadora caraqueña cuando decía "es como una fiesta de pueblo". Ese "como" es el que nos permite afirmar que los espectáculos callejeros de Xarxa Teatre no son más que teatro, puro teatro.

EL FOC DEL MAR por Yvon Diraison
Directeur du Festival des Arts dans la Rue Morlaix-Finistère

  " ¿Por qué tiene que acabar el espectáculo?. Los miles de espectadores que participaron ayer en el frenesí de Xarxa , que se congregraron y siguieron a estos maestros del fuego en su entusiasmante representación hubieran querido retener todavía un poco más esta noche…" Esta fue en la prensa (Le Telegramme) la crítica de la primera representación de Xarxa en el Festival des Arts dans la Rue de Morlaix. Hay que entender, de entrada, que Xarxa es una compañía remarcable en el sentido que no es programada sólo una vez, sino que uno compra un abono para varias ediciones. Y yo he adquirido ese abono para varios años. Desde que proyectamos coproducir, contaba a mis amigos valencianos la práctica de esta costa norte de Bretaña que consistía, hasta el siglo pasado, en encender fuegos en las orillas las noches de tempestad para atraer a los barcos que iban por los acantilados para después atacarlos y desvalijarlos ("Tan ar Mor: El Fuego del Mar). Xarxa incluso había lanzado un puente hasta su costa mediterránea para evocar esta costumbre de las fallas, castillos de sueños de materiales efímeros, montajes artísticos de objetos heteróclitos siempre reunidos de una imaginación desbordante que una noche de marzo se sacrificaban al fuego en una frenética catarsis popular. Nuestra creación futura tenia una sólida base, la fuerza de las particularidades, esta riqueza sumida en lo milenario de las tradiciones y de lo vivido de los pueblos. Este tema, Xarxa iba a recrearlo con las cualidades artísticas que le son propias y fuertemente originales. Xarxa practica decididamente un teatro mediterráneo, más precisamente valenciano. Con estrecheces en el escenario convencional, Xarxa, para expresar su arte, invade vastos espacios de exterior donde puede desarrollar a su gusto una pirotecnia sabia e interactiva, liberar a sus actores, difundir su música y llenar las calles con un mobiliario urbano deambulatorio. Estos son los ingredientes del espectáculo vivo según Xarxa, componentes que le permiten afirmarse en creaciones absolutamente contemporáneas como Ibers y Nit Màgica. Los espectáculos urbanos de exterior de Xarxa funcionan sobre lo burlesco, lo espectacular, lo extraordinario, visual e impresionante. Se expresan directamente a todos, derriban todas las barreras, culturales, de edad, de nacionalidad. Aquí el lenguaje es universal, gran unificador. El Foc del Mar nació en Morlaix el 11 de julio de 1990. De entrada, entiendo que con este espectáculo Xarxa ha transcendido todas las cualidades artísticas que ya se le conocían. Un choque emocional extraño. ¿Qué más podemos desear?.

Que El Foc del Mar se encienda más y más; que el volcán de Xarxa estalle de nuevo y cubra con sus chispas a los comediantes; que muestren su misteriosa fascinación; que la música los envuelva; que Joan Miró resucite; que la falla se eleve, bella, grandiosa, orgullosa, para mostrarnos mejor la nobleza de su artificio.

 

Nit Màgica
Veles e Vents
Déus o Bèsties
Tombatossals
Les Rates Mortes